Pero no he podido dejar ese sueño atrás,
te vi tan sedienta, tan adormecida,
parecía que no te volvería a ver.
Tus brazos colgaban sobre esa mesa
tu cuerpo era castigado por tanto pecado
tus pies inmóviles después de ser quemados,
tus cabellos ardían, desprendiendo ese olor
Mire tu cara, y rompías en un llanto silencioso,
pues de tus labios no salía ningún lamento
eras tan fuerte, tan hermosa
pero escrito estaba ya, que debías ese día de morir
Al despertar sentí ese enfado,
pues todo había sido un sueño
muy real, tanto que,
desde ese día llevo flores
a ese sepulcro que cabe
con mis propias manos
